Luis Cedeño: “No descarto que el ascenso de la inseguridad sea una política de Estado”

15 septiembre, 2017

Por Andrés Segovia, en exclusiva para Arenga /Digital

El sociológico Luis Cedeño es uno de los mayores referentes sobre el estado de la sociedad venezolana actual, es director de la ORG Paz Activa, enfocada en estudiar los índices, causas y motivos de la violencia y criminalidad de esta nación que encabeza los listados de homicidios y corrupción a nivel mundial.

En Venezuela se producen más de 90 asesinatos por cada 100.000 habitantes y la impunidad sobrepasa el 95%, según cifras de activistas.

Él considera que una buena explicación radica en el afianzamiento del irrespeto a las normas más elementales, enmarcado en lo catalogado como “viveza criolla”, un concepto revisado por autores como el psicólogo Axel Capriles en  “La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo”, un libro que Cedeño recomienda.

Esta tesis sostiene que ante la existencia de un inmenso Estado rico por el petróleo, “que no cumple suficientemente sus funciones, pero sí limita las libertades de los ciudadanos y regula excesivamente la economía y la vida individual, la sociedad venezolana se acostumbró a evadir la burocracia y los controles oficiales para desempeñarse al margen de las normas. La viveza no es un atojo, es una necesidad”, sostiene un fragmento del texto.

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El especialista concuerda y define al Estado venezolano como criminógeno, “es uno en el cual se cierran los espacios para hacer las cosas fuera de la ley”. “Busca igualar los niveles éticos y morales  de la población  al de la oligarquía”, una que según sus materias de estudio, es conformada por el crimen organizado.

La afirmación no es aventurada, la plana mayor del chavismo esta sancionada por EE.UU. y es  acusada de nexos con el narcotráfico. Un ejemplo paradigmático fue la detención de dos sobrinos de la primera dama Cilia Flores, quienes portando pasaportes diplomáticos viajaban en un avión cargado con 800 kilos de cocaína.

“Más que una Estado fallido o forajido, como dicen algunos, en los últimos 15 o 20 años en el país se ha afianzado un ‘Estado mafioso’, una mezcla de narcoestado y cleptocracia (dominio de los ladrones)”. Argumenta que por tales motivos el militarismo del discurso revolucionario considera “al Estado como un botín de guerra”.

Estado Unidos ha sancionado aprincipales dirigentes chavistas por vinculos con terrorismo y narcotrafico. El caso más celebre son los sobrinos de la primera dama, detenidos con 800 kilos de cocaína. Foto: RunRunes

Las cifras dadas sobre los montos del desfalco a la nación van desde $350mil millones en 2016, según Carlos Tablante, autor del libro “El Gran Saqueo”, hasta $800mil millones sumado para 2017. Cedeño asegura que se ha creado un marco legal para permitir desfalcar al Estado, desarrollándose así un ejercicio de violencia pasiva.

Este se expresa en “el control de la economía por un pequeño grupo de personas” y una muestra de ello han sido los sistemas de control cambiario para monedas extranjeras, con los cuales las divisas se asignan sin transparencia alguna.

El control férreo de la economía también se traduce, sostiene, en el mantener a la población en un “estado esclavitud” basada en la  dependencia. La estrategia es sencilla, personas que ganan mensualmente un monto inferior a $50 “se ven obligadas a vivir de lo que reparta el gobierno procedente de la renta petrolera”, ya sea por comida regulada o bolsas de alimentos, entre otras prácticas.

Otras modalidades de esclavitud, expone, son “el trato a los médicos cubanos que son parte de un trato… en cual el gobierno (de Cuba) cobra parte de de su paga” o las dinámicas clientelares en asignación de viviendas o enseres.

Estado mafioso

El director de Paz Activa ejemplifica que una de las muestras más claras del Estado mafioso es “que un tercio de las cárceles está controlado por pranes (jefes de bandas), mientras quedan otras como ‘vitrinas’, estas las pasan en medios oficiales y  sólo sirven para mostrar las supuestas bondades del régimen penitenciario”.

Ante estas aquiescencias, Luis Cedeño dice no descartar “que el ascenso de la inseguridad sea una política de Estado”, según argumenta, todo indica que cualquier plan de seguridad ciudadana siempre ha estado “predestinado al fracaso”.

En efecto, durante más de 15 años de revolución chavista, esta ha puesto en práctica casi veinte planes de seguridad ciudadana sin lograr resultados. Ni siquiera en políticas como las llamadas Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP), catalogadas como “exterminio” por varias ONG venezolanas.

Sostiene que las causas de la violencia desatada están plenamente detectadas. “Falta de voluntad política traducida en absoluta desinversión en seguridad (sólo 1% del presupuesto nacional) y el hecho de que no se habla del problema… Chávez casi nunca hablaba de eso, al igual que Maduro”.

Las detenciones por “robos famélicos” parecen ir en asenso, mientras oficialmente no se brindan cifras.

“Tú pones dinero en lo que te interesa”, por ello destaca que la violencia criminal ha producido una pérdida económica de hasta 30 puntos del PIB desde 1990.

Mientras esto sucede,  en las calles aumentan robos por hambre y necesidad, cambia el patrón de criminales con fines suntuosos y se registran mayores “robos por comida, calificados como ‘hurtos famélicos’… el Ministerio Público o el de Interior no exponen cifras sobre estos, quizás porque los casos entran en lo preocupante, como el de aquel joven que detuvieron con auyamas (calabazas)”.

El desmontaje

El sociólogo considera que al tener los regentes de Venezuela, suficientes “visos de estar controlados por el crimen organizado”, puede aplicarse la Convención de Palermo contra esta problemática.

Como salida  la situación de anomía social considera se debe “desmontar esa estructura (Estado mafioso), es necesario invertir mucho en ello y montar una estructura legal contra el crimen organizado aquí enquistado… para ello un nuevo gobierno debe encabezar la lucha poniéndola en su discurso”.

Supone que en Venezuela, como en Colombia deberá establecerse un proceso de “justicia transicional”, legitimada internacionalmente.”En Colombia pasaron cuatro años negociando… tienes que negociar por muy mortíferos y delincuentes que sean, porque irse para ellos es el final de su negocio, no lo soltarán así no más”.